Cuando tocamos en una boda damos lo mejor que tenemos.
Somos conscientes de la importancia que tiene la música en una ceremonia, de lo que puede significar para los novios y para los invitados.
Y si los contrayentes son músicos, la música cobra una relevancia mayor. Se convierte en parte fundamental del acto.
Pero si además los novios son nuestros amigos... poner música en esa boda se convierte en una responsabilidad mucho mayor y, sobre todo, en una gran alegría.